El surrealismo de la nueva música negra (free-jazz)
Los poetas inventaron al Surrealismo mediante la escritura automática.
Planteada por André Bretón como experimento en “Los cuerpos magnéticos” (1920) y en “Manifiesto Surrealista” (1924) ya como método.
El automatismo interpela al semisueño y es una aplicación libre del método freudiano de las asociaciones espontáneas: Es un dictado limpio del pensamiento tal y como llega al espíritu, en ausencia de toda preocupación estética o moral.
Piense en el siguiente ejercicio:
Durante 10 minutos, siéntese a escribir
palabras en una hoja
rápidamente
¡EUFÓRICAMENTE!
no se detenga a pensar el significado,
escriba una detrás de otra
sin preocupación
más que seguir escribiendo,
si alguna palabra le decepciona
no se detenga,
siga escribiendo.
(Ya es improvisador)
El automatismo genera creaciones artísticas que no alcanzaríamos en un estado de vigilia. Apelamos a la ensoñación despierta. En el sueño, puedo volar, mi cuerpo es ligero, caigo de una gran altura a una piscina fresca inmensa solo para mí. Libertad plena del espíritu.
Curiosamente, Bretón ignoró que su método pudo haber dado origen al free jazz, ya que él odiaba a la música.
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<<Yo es otro>>,
Arthur Rimbaud
Bretón declara los siguientes enunciados en su Manifiesto Surrealista.
- El «otro yo» que habla en el discurso automático contiene mi propia subjetividad, pero la supera.
- El automatismo demuestra la existencia de una materia mental común que nos pone en concordancia con las grandes corrientes naturales.
- La palabra es más rápida que la mente.
El free jazz es improvisación autómata. La imagen sonora se libera de las concepciones estéticas y morales de la tradición del jazz, no existen limitaciones del margen armónico, de la tonalidad y ni siquiera del ritmo hasta en su célula más pequeña; la síncopa.
Anthony Braxton es un pionero duramente criticado por realizar grabaciones de música negra sin síncopa. Precisamente, su música se clasificó como “negra” debido a su etnia, pero podría agruparse a lado de Steve Reich y John Cage. Rechazado por el canon jazzístico y el canon europeo, fue así liberado del «buen hacer jazz».
Las creaciones de los artistas naïf son valiosas a los ojos de Bretón en la medida en que exponen la emergencia de aspiraciones humanas que nuestra civilización reprime.
En la práctica
Improvisadores fabricando una obra surrealista en tiempo real. Esta obra nunca será ejecutada de la misma manera, pero versión oficial se establece cuando se graba.
Las partituras, de existir, pueden contener notas músicales o no, es que las partituras pueden ser gráficos, fotografías, pinturas, o pueden ser relatos hablados. Hay quien se atreve a solicitar un acorde, como Coltrane.
Los improvisadores trabajan con el espíritu: la energía desde la euforia al cansancio, la imaginación, el ánimo, el lenguaje musical o la falta de éste. Representación mental multiplicada por el número de músicos, hacia una pieza con o sin título.
Así se pone resistencia a la práctica nefasta pero medianamente aceptada de la imitación en el arte, el germen de la obra surrealista apela al mundo interior y no al mundo exterior.
CLARO DE TIERRA
A Paul Elúard
Río de estrellas
Que arrastras los signos de puntuación de mi poema
y los de mis amigos.
No hay que olvidar que a esta libertad y a tí os he
ganado jugando.
– André Bretón

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